martes, noviembre 23, 2004
Ayer fue un día de mierda. En fin, cosas del trabajo, de paletos y de ineficientes, en las que me veo inmerso cada día. Lo peor de todo es que cuando la chapuza se vuelve costumbre, cada vez es más complicado distinguirla y calibrar su magnitud. Y claro, uno se pregunta: "diosantisimo, mestaréconvirtiendoyotambiénenunodellos??". Qué terror. Me pongo a temblar. Espero no parecer pretencioso, yo me considero un obrerete modesto, e incluso a veces mediocre. Pero claro, cuando es todo tan por debajo de la mediocridad y encima la gente opina que es excepcional... pues eso, que tiemblo.
Pattis, mi fiel y leal compañera, se va del Halcón Milenario. No se va, en la práctica la echan. Una manifestación más de la chapuza flagrante y generalizada. En realidad, la noticia la conozco desde hace dos semanas (ella lo sospechaba desde mucho antes) y no pude evitar ponerme a llorar. Me sentí en un momento granhermano. Debe de ser verdad eso de que las cosas se magnifican en la casa... En el fondo, por muy mal que me caiga mucha gente (aunque la mayoría son majísimos), ya son como una segunda familia para mí, sobre todo porque pasas con ellos más de 9 horas diarias, cuando no son más; y oyes, que como dice el refrán, el roce hace el cariño.
Pero lo de Pattis no es roce. Es adoración mutua y mogollón de cariño. Bajita, guapetona, con ojos grandones y observadores, muy fashion ella, pizpireta, con un toque de ingenuidad encantador y siempre con una enorme sonrisa en la boca, desde hace más de año y medio que llevo aquí, para mí ella siempre ha sido mi alegría. Fue la primera en recibirme con los brazos abiertos, con la que empecé a intercambiar confidencias, con la que compartía el tupper de la hora de comer y las bromas sobre el cutrerío que nos rodeaba (y que a mí me sigue y seguirá rodeando). No es perfecta ni mucho menos, eso es lo que me gusta de ella, pero, claro, el talento a veces molesta, sobre todo cuando te sientes amenazado. Y por eso ella va a la calle, no encuentro otra explicación.
Me van a disculpar que me haya puesto un poco profundo y un mucho pedante, pero es que uno es muy sensible y mañana Pattis ya no estará para el café mañanero, ni para los cotilleos entre cubículos, ni para el tupper, ni para las carreras de última hora para coger el autobús. En el fondo debería alegrarme por ella, porque largarse es lo mejor que le podía pasar, pero, mira, soy un egoísta de mierda y ojalá se hubiera quedado.